Tres claves para la felicidad

Por Maria Jesús Álava Reyes

 

Mª Jesús Álava Reyes, autora de 'Las 3 claves de la...

La  mayoría de las personas no son conscientes de que su vida y su felicidad, dependen, en gran media, de la capacidad que tengan para perdonarse, para quererse y para coger las riendas de su vida.

El perdón a nosotros mismos nos proporcionará el equilibrio que tanto necesitamos, y el perdón a los demás nos liberará de la tensión y del desgaste que provoca el resentimiento.

Aprender a perdonarnos es aprender a vivir. La vida sin perdón es el fracaso del ser humano.

Perdonarnos nos hace más seguros. El fracaso llega cuando no somos capaces de perdonarnos por aquellas cosas que podríamos haber hecho mejor.

Si nos perdonarnos por las decisiones que tomamos en el pasado y dejamos de sentirnos culpables por las difíciles situaciones que vivimos en el presente, tendremos fuerzas para rectificar hoy lo que hicimos ayer. El pasado no lo podemos cambiar, pero el presente sí que depende de nuestra voluntad.

Asimismo, perdonarnos nos hace más humanos. Hoy, erróneamente, mucha gente piensa que solo triunfan los insensibles y los egoístas, y, por ello, han decidido anestesiar sus emociones.

Perdonarnos mejora nuestra autoestima. El perdón nos devuelve la paz y la tranquilidad. Debemos ser indulgentes con nuestros errores; especialmente, cuando no ha habido maldad ni egoísmo, cuando no hemos querido engañar ni abusar de nadie, cuando inmediatamente hemos reaccionado y hemos intentado reparar el daño causado.

Artículo completo: El Mundo

 

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Vamos despacio porque vamos lejos…

“Los blancos tienen el reloj pero no tienen tiempo”.

– Proverbio africano.

La noción del tiempo de nuestras sociedades es una de las variables que de forma menos evidente afectan a la insostenibilidad global. La visión lineal del tiempo que caracteriza a la sociedad industrial, supone una aceleración temporal basada en maximizar la productividad, concepción que choca con los tiempos lentos y cíclicos de la naturaleza.

Como muy bien nos enseña Jorge Riechmann en su texto Tiempo para la vida (pdf), la contaminación puede concebirse como un desacople entre el ritmo de emisión de vertido de residuos y el tiempo necesario para asimilarlos y regenerarlos por parte de la naturaleza. Una lógica que también encontramos en la idea de recursos renovables, pues este proceso de regeneración de la biosfera tiene unos tiempos propios que no pueden acelerarse.

La crisis energética y el cambio climático pueden leerse también como un choque temporal, entre los cerca de trescientos millones de años que ha tardado la biosfera en producir los combustibles fósiles y los trescientos años de civilización industrial que han tardado en consumir más de la mitad de dichos recursos disponibles. Trescientos años en tiempo geológico es un instante, un breve lapso de tiempo en el que se han arrojado a la atmósfera gases un millón de veces más rápido de lo que tardaron en generarse.

Además de la dimensión ambiental, el tiempo estructurado en torno a la organización del trabajo y el mercado está provocando severos problemas para el cuidado de la vida. Las dificultades crecientes para conciliar la vida profesional y familiar, la creciente ansiedad y el estrés laboral que suponen en la actualidad una de cada cuatro bajas laborales, la ruptura de temporalidades tradicionales (tiempo de ocio y trabajo, la ruptura del tiempo local y la sincronización de un tiempo global…), la proliferación de acelerados estilos de vida que dificultan el cuidado del cuerpo y sus biorritmos, la devaluación del tiempo social dedicado a la construcción de vínculos sociales…

Ante esta vorágine se ha ido produciendo un elogio de la lentitud, del cuidado de los procesos y no solo de los fines, del manejo pausado del tiempo como sinónimo de calidad de vida. Una de las referencias simbólicas de este proceso es el movimiento slowfood, fundado en 1986 por el periodista y gastrónomo italiano Carlo Petrini (pdf), como una forma de resistir a la aceleración mediante la revalorización de las culturas gastronómicas locales (variedades locales y biodiversidad, cultivos y recetas tradicionales, vinculación entre restauración y patrimonio territorial, programas educativos, etc.). Tras más de treinta y cinco años de andadura, actualmente se encuentra implantado en 153 países y cuenta con más de cien mil personas asociadas.

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¿Qué es un Grupo de Consumo?

Es un grupo de personas que compra alimentos de forma regular y conjunta directamente del agricultor o productor. Los productos que se adquieren van desde frutas y verduras frescas, a productos de limpieza, ropa, etc. Tienen entre ellos al menos un acuerdo informal de cómo se organizan, y a veces tienen una estructura legal, como por ejemplo cooperativas.

Beneficios para los integrantes:

Hay muchas razones por las que pertenecer a un grupo de consumo, estas son algunas de ellas:

 Precio más asequible. El precio pagado a los productores es mucho menor que el pagado en las tiendas. Esto es debido a que la tienda, el supermercado, el distribuidor, etc. están ganando su margen, sin mencionar el coste de envases, gasolina para el transporte, publicidad, etc. De esta manera, los alimentos ecológicos no tienen porqué resultar más caros que los convencionales, ya que, se compran en importantes cantidades para abastecer a todo el grupo y directamente a su productor, evitando intermediarios. Así se beneficia a personas que de otra forma no podrían acceder a los alimentos ecológicos u orgánicos.

– Los alimentos maduran de forma natural hasta su momento óptimo de consumo. Por lo que se consumen productos frescos, de temporada, locales y ecológicos, ya que, no tienen que viajar durante días o semanas desde el productor hasta el consumidor. Esto significa que frutas y verduras maduran de forma natural y tienen el máximo de nutrientes, y además se elimina la contaminación producida al transportarlas desde otros países o incluso continentes.

 Beneficios sociales. Algunos grupos se reúnen y organizan eventos sociales y medioambientales. Se implican activamente en la divulgación de la alimentación sana, la soberanía alimentaria, el comercio justo, el consumo consciente, hábitos respetuosos con el medio ambiente, etc. y para ello organizan charlas, catas y degustaciones de alimentos ecológicos, ferias, mercados, actividades para niños, etc

 Acceso a productos especiales. Hay grupos que tienen la posibilidad de obtener alimentos que no están disponibles en los supermercados porque son producidos localmente, en pequeñas cantidades, de variedades raras o locales. Esto a su vez es muy importante para fomentar y preservar la biodiversidad local en cuanto a cultivos, y hace que semillas autóctonas sigan cultivándose y no se pierdan.

 Comodidad. Hay personas que encuentran más práctico recibir una entrega regular en casa en lugar de ir de compras.

 Apoyo a la producción ética de alimentos. Los grupos de consumo son de vital importancia por su apoyo a un sistema de producción ecológico, ético y local de alimentos.  Sus miembros saben cómo se producen y de dónde vienen sus alimentos e incluso pueden visitar la huerta.

Grupo en Zaragoza: Ajetes Majetes (ajetesmajetes@gmail.com)

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¿Como empezamos a cambiar el mundo?

Comenzando por dejar de juzgar, dejar de quejarse, dejar de ser una carga y sobre todo comenzar por pensar que el cambio es de nuestra actitud ante la vida y lo que queremos lograr de ella, teniendo siempre un enfoque real y claro… haciedo cambios pequeños lograremos que nuestro mundo sea mejor cada dia… si cada uno de los miles de millones de seres humanos intentaramos esto todos los días, otro mundo sería…

Para vivir mejor, a partir de ahora, se trata de producir y consumir de otra manera, hacer más y mejor con menos, empezando por eliminar las fuentes del despilfarro (por ejemplo, lo empaques inútiles, el mal aislamiento térmico, etc.) y aumentar la durabilidad de los productos.

– André Gorz, Capitalismo, socialismo, ecología

Biomímesis (de Bio, vida y Mímesis, imitar): comprender los principios de funcionamiento de los ecosistemas en los que se desarrolla la vida con el objetivo de reconstruir los sistemas productivos humanos de manera que sean compatibles con los sistemas naturales. Aprender de la naturaleza imitándola, implica funcionar a partir de ciclos cerrados de materia movidos por la energía del sol.

Reevaluar: Por un lado, no confundir el valor de las cosas con su precio; por otro, revisar nuestros valores: cooperación vs competencia, comunidad vs individualismo, altruismo vs egoísmo, etc.

Reconceptualizar: Cambiar de gafas para mirar la realidad: ampliar nuestra mirada sobre el mundo (evidenciando la construcción social de la pobreza, de la escasez, etc.) y orientar nuestra atención hacia lo que vale la pena: la preservación de la naturaleza, las relaciones humanas y la calidad de vida.

Reestructurar: Adecuar las relaciones sociales y las estructuras económicas y productivas al cambio de valores y a la nueva manera de comprender la realidad. Cambiar los estilos de vida.

Redistribuir: Repartir equitativamente los derechos y los deberes, garantizar un acceso igualitario a los bienes comunes y un reparto justo de la riqueza y los costes sociales y ambientales implicados en su obtención. En las relaciones entre el Norte y el Sur, realizar el ideal de la justicia social.

Relocalizar: Adaptar la producción y el consumo básicamente a una escala local, disminuyendo los transportes y satisfaciendo las necesidades a partir de las capacidades propias, las vocaciones de cada territorio y la soberanía sobre los recursos (desarrollo endógeno).

Reducir: Vivir con menos para que todas las personas podamos vivir bien en un planeta sano.

Reutilizar: alargar el tiempo de vida de las cosas para evitar el consumo y el despilfarro. Reparar lo que estropea, preservar lo que funciona.

Reciclar: cerrar los ciclos de manera que los residuos de un proceso sirvan de recursos para nuevas actividades.